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      LA MUJER, SU SILENCIO Y EL SIDA

Ana Maria Fonseca Zampieri, Ph.D

Muchas mujeres latinas guardan silencio sobre sus vidas matrimoniales, sin saber que tienen derecho a hablar. En ocasiones no saben a quién hablarle, ni cuando, ni como. Amordazadas por tantos años de silencio, la opresión se adueñó de sus labios y sus almas. Aún así, insensibles a sus heridas emocionales, siguen luchando por sus familias sin cuestionar que tipo de hombres y mujeres están ayudando a crear. 

En los últimos veinte años, he investigado la vida sexual de muchas parejas y he percibido que el matrimonio latino, y específicamente el brasileño, aún esta fundado sobre mitos, valores, tabúes y creencias relativas a su ciclo de vida, a sus crisis previsibles y a la necesidad de esfuerzo para asegurar su supervivencia o vida saludable.

Hay un hallazgo asombroso en estas investigaciones. Es el hecho que las prostitutas bien informadas tiene menos riesgo de contraer HIV y SIDA que una madre de familia. Condicionamientos sociales y psicológicos les dictan a las madres de familia como actuar en tanto esposas, haciéndolas más vulnerables a esta enfermedad.

Por un lado, sus maridos tienen a mantener relaciones sexuales extra-coyungales sin preservativos ni cuidados básicos. Por el otro, estas mujeres desarrollan su papel de esposas fieles y sumisas manteniendo con sus maridos un comportamiento sexual sin cuidados para evitar la transmisión de enfermedades sexuales.

¿Por qué una mujer educada en el amor romántico, que espera de su marido al proveedor afectivo, sexual y económico, así como su compañero en la construcción de una familia, se torna vulnerable ante el HIV o SIDA?

Las mujeres latinas aún están condicionadas culturalmente para mantener sus matrimonios al costo que sea necesario. Muchas veces, para evitar las experiencias negativas que vivieran sus madres o abuelas, no se comunican abierta y eficazmente con sus esposos y viven en su matrimonio infelices, solitarias y desconocidas por sus hombres en sus intimidades, frustraciones y sueños de esposas-amantes.

Aprenden a fingir el orgasmo esperando que con ello, sus maridos se sientan sexualmente capaces y viriles, para evitar que las traicionen, o porque no les gusta más un sexo que se tornó obligatorio y rutinario, o simplemente porque desean que sus maridos terminen rápidamente una relación sin placer para ellas.

¿Las mujeres latinas no llegarán a aprender que es el sexo erótico: el sexo que diferencia a los humanos de otros animales sexuados?

¿Sabrán ellas que el amor sexual erótico necesita, a diferencia del sexo reproductivo, de aprendizaje, de cambios a lo largo del tiempo acordes con los cambios físicos, existenciales y hormonales?

¿Conocerán que este amor sexual erótico tiene que ser compartido con sus maridos? Y para cuál finalidad de salud en sus vidas personales y conyugales?

Hay innumerables mujeres latinas, según nos muestran nuestras investigaciones, que creen ser sexualmente frías o que no tienen capacidad de tener orgasmo y placer sexual con sus maridos. Y, sin embargo, no hablan de ello. Permanecen calladas, con mordazas culturales que las terminan enfermando. No saben que este silencio esta condicionado por una cultura ancestral. Que estos condicionamientos las mantiene sumisas, reprimidas y con su auto-estima rebajada en la búsqueda de su placer sexual proactivo, saludable y responsable. Deeste modo, las mujeres se vuelven poco intimas con aquellos hombres con quienes duermen todas las noches de sus vidas de casada.

La ignorancia acerca de sus cuerpos, de sus deseos, de sus temores y de sus maridos es la patología que convierte mujeres casadas de Brasil y de Latinoamérica en protagonistas más vulnerables para contraer HIV y SIDA.

La infidelidad sexual de los maridos está implícita y culturalmente incitada desde la infancia. Como en un acuerdo no hablado, la cultura conyugal latinoaméricana asume que los hombres casados tienen más necesidades sexuales que sus mujeres, que son naturalmente infieles sexualmente y que saben como hacer distinciones entre el amor sexual y el sexo casual.

Un poeta brasileño llamado Vinicius de Moraes dijo que: "el amor es infinito mientras que dure". Lamentablemente, no nos indicó como hacer para que el amor sea durable para alcanzar el infinito.

Nosotras, las mujeres latinas necesitamos quebrar el silencio de nuestros dolores, de nuestros deseos, de nuestros temores y de nuestros sueños en el amor conyugal para que con nuestros hombres (maridos e hijos) y con nuestras mujeres (madres e hijas) podamos revisar nuestros valores, y para que a partir de su cuestionamiento podamos construir una nueva historia para mujeres esposas, amantes, madres y hijas.

El avance de esta enfermedad que tiene en español un nombre que suena femenino: SIDA, impone que las mujeres casadas seamos menos vulnerables a infectarnos con enfermedades sexualmente transmisibles. Ello será posible, a partir de un proceso de aprendizaje en el amor a nosotras mismas, para nos provea respeto y salud. Esto no será en la confrontación con nuestros hombres, sino en la lucha contra una cultura que nos inmobiliza, nos torna pasivas, insatisfechas y víctimas del amor.
  
Es necesario soñar un sueño para que sea posible concretar. Nosotras, mujeres latinas, deseamos tener el sueño de liberarnos del silencio en nuestras vidas, en donde el SIDA es simplemente una agresión más.
                                        

Ana Maria Fonseca Zampieri
anamfzampieri@uol.com.br
São Paulo – São Paulo – Brasil
Doctora y maestra en Psicologia Clinica; Sexóloga;
Psicoterapeuta de parejas y familias; Psicodramatista.

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